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Domingo7

Incendios, rapamontes y depredadores

■ Siguen causando estragos en los últimos bosques de la región

 

LA REDACCIÓN

 

En la segunda semana de marzo, un grupo de personas, dos mujeres y cuatro hombres pertenecientes a dos conocidas familias del vecino municipio de Benito Juárez, ha estado en la oficina de redacción de Domingo 7. Motivos: publicar una noticia y denunciar que se está  cometiendo uno de los más criminales ecocidios en los últimos bosques de la región.

Platicamos con ellos, los sentimos inquietos, la preocupación se ve en sus rostros. Según cuentan, desde hace varias semanas, un día sí y otro también, transitan por la carretera que viene al Teul camiones a veces trotón, y a veces trailers quinta rueda, cargados de corpulentos troncos de pino-encino. Relatan se trata de tramos enormes, de una braza en redondo, todos árboles jóvenes y recién cortados pues todavía les mira resumando savia.

No sabían de donde procedía esta madero pero coincidimos, sólo puede provenir del triángulo geográfico donde se juntan los estados de Jalisco, Nayarit y Zacatecas, donde se localiza importante zona boscosa, si bien ya muy depredada en la parte del Teul, B. Juárez y la Yesca.

Les prometimos averiguar la situación y publicar la noticia. Un día más tarde nos trasladamos a B. Juárez y casi al medio día apareció un camión thorton, y le seguimos hasta el Teul. Efectivamente iba cargado de troncos enormes, estribados a lo largo, pero sobresaliendo un metro de la plataforma y otro tanto sobre el techo de la cabina. Era madera bruta, de corte perfecto y hecho por gentes expertas en el manejo de la motosierra, troncos cuidadosamente escogidos y recién cortados.

Se menciona lo anterior por esto: Las Instituciones encargadas del manejo forestal (antes la Sagarpa y ahora la Profepa) cuando autorizan un permiso, mandan un técnico (generalmente un agrónomo) que se encarga de diagnosticar el estado del bosque, y marca los árboles que sí se pueden cortar (los muy maduros o decrépitos, los emplagados o muertos). Sin embargo, habitualmente quien busca concesión para explotar un bosque, le interesa la buena madera y regatea; y por supuesto que con una buena mochada (en billetes) los funcionarios (por lo menos algunos) se hacen de la vista gorda.

Tal vez el peso estaba cuidadosamente calculado, pero nos pareció que el camión venía sobrecargado. En la extensa bajada de esta carretera le vimos rodar con lentitud y escuchamos que el motor ronroneaba con dificultad. Pensamos que el chofer venía estresado, fatigado de tanto meter freno y embrague. Imaginamos que en todo el tramo el Teul, no le pudo cerrar. No lo quisimos detener porque sentimos que no sería de su agrado sospechar que le veníamos faldeando, y creíamos nos podía rayar el disco.

Siete días más tarde el ingeniero Daniel Rivas, agrónomo y colaborador de este papiro, logró detener un trailer cargado de madera como la descrita pero en troncos de mayor longitud. El conductor le informó que este material  provenía de la comunidad ejidal de Tepizoac, en el municipio de Chimaltitan, lo cual es de creer porque es la única del triángulo citado que tiene una terraceria por la cual puedan transitar trailers; la madera según él iba destinada a Ciudad Guzmán, Jalisco, cerca de la costa; omitió el nombre del concesionario, no dijo cuál era la superficie que había sido talada, pero agregó que ya estaban por terminar. Tepizoac es una comunidad caxcana aunque ya no se habla el náhuatl.

Tienen toda la razón de quejarse estos vecinos de B. Juárez. Tepizoac es parte del último bosque que queda pues entre los dos cañones Juchipila y Tlaltenango, casi hasta Bolaños, esta región se ha convertido en un semidesierto. La sierra de Pinos Cuates que según “La gente de más antes” fue un bosque tupido y frondoso, fue talado de manera inmisericorde entre 1940 y 1960 cuando “La revolución se bajo del caballo” y gobernaban Zacatecas, Leobardo Reynoso y Minero Roque. Los comuneros de la Sierra de Morones, Cicacalco y San Pedro Ocotlan, también de ascendencia Caxcana de entonces se les comenzó a aplicar el mote de revoltosos y levantados.

En la década de los 70 los políticos de Luis Echeverría miembros de la famosa familia Zuno resultaron tan bárbaros como “los hunos de Atila”  y talaron parte de la inmensa zona boscosa que iba de Hacienda de Guadalupe Victoria (Zacatecas) hasta Tequila.

En la misma época, el gobernador Rodríguez Elías y su funcionario llamado Moctezuma Meza construyeron la terraceria que iba de B. Juárez y arreglaron las brechas con la  finalidad, no de comunicar a los vecinos sino para sacar la madera del ejido “Las azucenas” que pertenece a Milpillas. Esta explotación duró varios años, los concesionarios construyeron un bien maquinizado aserradero y levantaron un pueblo de madera que era cosa de ver. No obstante, cuando el bosque comenzó a mermar, sacaron toda la maquinaria, desensamblaron las casas y se fueron de manera subrepticia sin indemnizar a los comuneros por su bosque. Dejaron, eso sí, un cerro con trozos de desecho, viruta y aserrín, tan grande como el del Teul.

En los últimos 25 años la tala inmoderada no ha parado, y esto se ha visto favorecido por la ley salinista que permite a los campesinos vender e hipotecar sus tierras. Tepizoac es el último bosque de la región, pero con igual seña los talamontes han seguido depredando los pequeños lunares boscosos de pino azul (lo que queda de Pinos Cuates) en los Trigos, Alamitos, Las Tablas, El Tablero, Apozol y algunos lugares de Juchipila.

 

 

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