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Domingo7

Lydia Cacho, otro caso más de negación de justicia

 

…urge tomar conciencia de la situación precaria que afecta la dignidad de muchas mujeres. Algunas, desde niñas y adolescentes, son sometidas a múltiples formas de violencia dentro y fuera de casa: tráfico, violación, servidumbre y acoso sexual…

V CELAM

Aparecida, Nº 48

 

Lydia Cacho es el nombre de la periodista que en abril de 2005 publicó el libro Los demonios del Edén, en donde denunció que en México hay una mafia formada por políticos y empresarios millonarios que se dedican al lavado de dinero, la violación, corrupción de menores de edad, turismo sexual, pornografía infantil y tráfico de niños (y niñas) para explotación sexual.

Ocho meses después, en diciembre de 2005, fue detenida en Cancún por ocho hombres, sin mostrarle orden de aprehensión y trasladada hasta Puebla. El viaje duró 21 horas por carretera. Lydia Cacho pensó que la iban a matar. Esa fue tortura psicológica. La llevaron ante los tribunales de Puebla acusada de difamar y calumniar a un poderoso empresario, patrocinador de la campaña del gobernador priista de ese estado. Por la presión de la sociedad civil y personalidades de la ciencia y la cultura, Lydia Cacho fue puesta en libertad.

Después hubo unas llamadas telefónicas hechas públicas por las que se supo que el gober precioso mandó detener a la periodista para quedar bien con su amigo empresario.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación aceptó investigar al gobernador de Puebla y toda la red de funcionarios públicos involucrados. A finales del mes de noviembre de este año, 6 ministros (entre ellos dos mujeres) de la Suprema Corte resolvieron que no hubo violación a los derechos humanos de la periodista y que no era función de la Corte investigar las redes de pederastia y explotación sexual infantil. En cambio, cuatro ministros pedían que se juzgara al gobernador de Puebla por perseguir a la periodista Lydia Cacho a solicitud del empresario Kamel Nacif. 6 votos contra cuatro. Ganó la protección a la red de pederastas.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación volvió a la vieja tradición mexicana que prefiere cerrar los ojos ante los abusos de las personas que tienen poder. Impunidad. Negación de justicia. ¿En qué país vivimos? ¿Acaso vamos a acostumbrarnos a vivir entre la corrupción y el cinismo de quienes gobiernan? ¿A dónde va nuestra sociedad? ¿Qué hacemos para mejorar el mundo?

El pueblo tiene la última palabra. La sociedad puede cambiar las cosas cuando nos lastime la conciencia ver tanto desempleo, campos abandonados, jóvenes sin oportunidades, mentes sin ideales, gobiernos que se enriquecen frente a tanto dolor. (HAG)

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