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Domingo7

Presentan libro de don Luis Sandoval Godoy

 

Y la luz se hizo

 

La Redacción

 

El 19 de noviembre fue presentado en los corredores de la presidencia municipal el último libro de don Luis Sandoval Godoy. Y la luz se hizo. Gente y tiempo de Occidente en un instante de luz. Un libro de 90 fotografías que no sólo tiene valor artístico o pintoresco, o que no sólo trata de detener para siempre instantes del pasado, sino que, sobre todo, intenta “ofrecer algunas reflexiones sobre la significación sociológica y cultural de un pasado que podría ayudarnos a recapacitar, en nuestro camino en el siglo XXI”, según escribió en el prefacio el reconocido historiador Jean Meyer.

En un acto presidido por el presidente municipal, Enrique Larios y por el cronista del municipio, Ezequiel Ávila, se dio a conocer un libro de fotografías, obra de don Luis Sandoval, escritor teulense, y editado por el Gobierno de Jalisco. Las fotografías están distribuidas en cinco capítulos. Cada capítulo tiene una breve introducción y cada foto va acompañada de un texto también breve. Estos textos son igualmente autoría del escritor teulense.

En el prefacio, Jean Meyer comenta que el libro es importante porque “esas fotos nos hablan más que el mejor de los textos”. Fotos en blanco y negro que dicen que “nuestro pueblo del campo es un capital que apenas empieza a llamarnos la atención y que, además de su interés folclórico o romántico, ofrece enseñanzas: más allá de lo pintoresco, de lo hermoso, de lo conmovedor, atestigua la capacidad del hombre para crear lo que es necesario, sin grandes recursos, en un mundo tan rudo como generoso que, alguna vez supo amansar, para provecho mutuo”.

“Este libro de fotos debería ser el primero de una serie que se propondría valorizar nuestra sociedad rural de ayer y anteayer, tan despreciada como desconocida”.

Don Luis aprecia la sociedad campesina del pasado. Retrata su gente, sus rostros, sus afanes, sus mujeres, sus niños, sus casas, sus calles, sus monumentos arquitectónicos. Todo ello es un universo que habla de lo que eran aquellas personas, su tiempo, sus problemas, sus sueños. Fotos que son memoria de un tiempo donde la gente se las ingeniaba para resolver su vida, con trabajo, ingenio, escasos recursos y actividades artesanales, donde las manos estaban en contacto con la tierra, con los instrumentos de trabajo, y poco se dependía del exterior para resolver las propias necesidades. Un mundo autónomo y un modo de vida que procuraba alejarse de los excesos.

Sin duda, el libro de don Luis mantiene vivo un tiempo de dignidad y de sacrificio. Mucho tenemos que aprender del pasado y de la gente campesina, nuestras raíces. “Patrimonio humilde y cotidiano” de un pueblo “que no sólo es conservador, sino que innova permanentemente”.

Iniciativa de la Ley de Ingresos

Redacción

 

En reunión extraordinaria celebrada el día 30 de octubre pasado, el Ayuntamiento del municipio aprobó la iniciativa de Ley de Ingresos, que será presentada al Congreso del Estado para su aprobación o modificación.  No hay novedades en su contenido respecto de años anteriores; son prácticamente los mismos conceptos que se tienen contemplados para que el municipio genere sus propios recursos, mediante la recaudación de contribuciones.

Lo que sí es nuevo, es que las actuales autoridades municipales ahora sí están dispuestas a no perdonar contribuciones por motivos de parentesco, compadrazgo, amistad o consideraciones políticas de perder votos. Urge el dinero y en la mencionada reunión del 30 de octubre pasado, el presidente municipal informó que habrá eficiencia recaudatoria, lo que quiere decir, que a nadie se disculpará de pagar impuestos municipales.

La iniciativa refiere que se busca el “fortalecimiento financiero” del municipio, lo “que por ende representa el buen funcionamiento del gobierno municipal”. Para intentar lograr estos objetivos la iniciativa de la Ley de Ingresos contempla cobrar una tasa distinta para predios rústicos de temporal y de agostadero; además, se incorporan más conceptos por el pago de derechos en licencias de construcción.

También está previsto cobrar impuestos por la fijación de anuncios comerciales permanentes y temporales; la propaganda por medio de equipos electrónicos y a través de volantes. Los juegos permitidos también causan impuestos: rifas, sorteos y loterías, juegos mecánicos, electromecánicos o electrónicos accionados por monedas o fichas. También pagan impuestos los espectáculos públicos como teatro, circo, lucha libre, box, taurinos, deportivos, carpas, variedades, conciertos y cualquier otra exhibición que cobre cuota de admisión.

Se pagan derechos por el sacrificio de ganado en el rastro municipal, la inscripción de actos en el registro civil y la expedición de actas certificadas. La inhumación de cuerpos en el panteón municipal costará $309.68, en el caso de menores de 12 años, y $930.87, para adultos. Quien posea predios en la zona del centro histórico pagará una cuota del 10% del impuesto predial cuando, por descuido del propietario, la presidencia municipal tenga que barrer la calle.

El artículo 25 de la iniciativa de la Ley de Ingresos dispone que cada persona que tenga un contrato de energía eléctrica con la CFE, deberá pagar el 8% por concepto de pago de derechos por el servicio público de alumbrado.

También causan el pago de derechos las licencias para construir, remodelar, bardear, mover materiales y escombro, realizar trabajos menores en las casas (enjarres, pintura, reparaciones) y la construcción de monumentos en panteones.

El comercio fijo, ambulante y tianguistas también pagarán licencias de inscripción en el padrón y expedición de tarjetón, así como refrendo anual de tarjetón. Los comerciantes ambulantes y tianguistas (fijos o semifijos) pagarán mensualmente por derecho de plaza, entre 2.04 y 4.51 cuotas de salario mínimo.

En el capítulo de aprovechamientos, se establecen multas como las siguientes: se cobrarán 3.29 cuotas de salario mínimo a quien utilice aparatos de sonido después de las 10 de la noche en zonas habitacionales; 13.67 cuotas de salario de multa a los negocios que no respeten el horario establecido; multa de 18.14 salarios mínimos a los propietarios de terrenos baldíos que no tengan barda y que signifiquen un foco de infección; 4.84 cuotas de salario mínimo a quienes consuman bebidas embriagantes en la vía pública; multa de 3.63 cuotas de salario mínimo por cada cabeza de ganado que transite por la vía pública sin vigilancia del dueño.

Por muchos de estos conceptos, actualmente las autoridades municipales no cobran nada, prefieren hacerse de la vista gorda. Ahora que se busca el fortalecimiento financiero del municipio, el anuncio es que no habrá perdón para nadie. El tiempo lo dirá.  

 

 

 

Siga la flecha de don Luis Sandoval Godoy

Siga la flecha de don Luis Sandoval Godoy

La literatura debe ser dulce y útil, agradable y edificante, enseñaba Horacio, uno de los grandes escritores en la antigua Roma. La buena literatura nos ofrece recreación y conocimiento, placer estético y saber. El libro más reciente de don Luis Sandoval Godoy es una invitación a las dos cosas: a gozar y a conocer. La palabra escrita de don Luis es capaz de eso.

“Siga la flecha” es una recopilación de cuentos escritos en otros tiempos y en distintos libros. Su autor, Luis Sandoval, los ha reunido en este volumen que publica el Taller Editorial La Casa del Mago, que se ha fijado la tarea de llevar a los lectores los libros escritos por don Luis. “Siga la flecha”. Tras estos relatos hay algo en común. Todos tienen un elemento que los hermana. “Siga la flecha” es una colección de doce cuentos que hablan de los avisos que da la vida en todo momento, pero que el ser humano atiende sólo hasta muy tarde. Desde que nacemos cargamos con un destino, con una voz que llevamos inscrita en la carne y el espíritu. Vamos a morir. Y nos negamos a entenderlo. La vida nos lo hace saber de muchas maneras: una enfermedad, una contrariedad, un dolor, un chisme, un pesar en el alma, un golpe tras otro, la soledad que se arrincona en los pliegues más profundos del alma, la presencia de los viejos, una persona que fallece. El ser humano es frágil y limitado por naturaleza. Por eso vivimos en sociedad para, juntos, crear la solidaridad que remiende nuestros lados descosidos.

Luis Sandoval no fue psicólogo, sociólogo, médico, profesor o sacerdote para hablar de manera profesional y solemne acerca de la muerte, la vejez, la soledad, la enfermedad, la debilidad humana y demás asuntos cercanamente humanos. Quiso ser periodista y escritor para decir las cosas de una manera honda y bella. Apunta con su flecha al misterio humano y lo roza. Se mete al corazón de la personas. Habla desde el dolor mismo de la gente; desde su soledad, desde su vulnerabilidad y sus debilidades. Asuntos que pocas veces nos animamos a comentar en voz alta, si de nosotros mismos se trata, por supuesto. Por esta razón, los cuentos de “Siga la flecha” penetran en la médula de esa realidad que nos acompaña desde que nacemos, la verdad de que la vida es un soplo y un día ya no estaremos más en este planeta.

El milagro de la literatura es que verdades amargas como éstas pueden ser contadas con la sensibilidad, la ternura y el privilegio de narrar bien. Uno va leyendo cada cuento y queda el placer de leer algo hecho con intención estética. Don Luis escribe sobre la muerte, sobre la amargura de la vejez, sobre la soledad, sobre la enfermedad, sobre la pérdida irreparable de un familiar cercano, sobre el rumor que destruye el honor ajeno. Realidades duras y dolorosas. Y sin embargo, en su escritura hay belleza. ¡Qué contradicción! Belleza en el cementerio, en el lecho de muerte, en el velorio, en el dolor que desgarra el alma, en las arrugas que van marchitando el alma. Eso se encuentra al seguir la flecha de este libro. Un libro que nos enseña sobre verdades fundamentales de la vida, y que además, nos deleita. Un libro hermoso que nos acerca a lo más hondo de lo humano, y que recrea, es decir, invita a realizar nuevas creaciones.

“Siga la flecha” y encontrará la narración del señor que vela a su hijo difunto, y junto a su pena encontrará la dignidad de la gente de campo que tiene en más la honestidad que el dinero. O aquél que amontona recuerdos frente al retrato de su esposa fallecida, y que deja de lamentarse porque los van a desalojar de la vecindad, al convencerse que lo importante es lo que llevamos dentro, eso nadie nos lo puede quitar. Nuestra carga es un relato que muestra el sufrimiento callado e incomprendido de la mujer campesina; el marido que ignora o no comprende lo que sufre aquella mujer, hasta que muere, hasta entonces el hombre se da cuenta que “ella traía su muerte adentro… ¿Y cómo andamos todos? ¿Cómo andan ustedes. Todos vamos por la calle o por donde sea cargando nuestra muerte…”. Hay tres narraciones de igual número de mujeres grandes, que no se casaron. Una, “de ojos tristes, charquitos de lágrimas donde nunca pegó el sol”, que llora y estruja la carta que le recuerda el amor que pudo haber sido y no fue. La segunda, “señorita mayor que nunca ha dado que decir”, hasta que la culpan de haber robado el vestido de la Virgen. Y la tercera, martirizada por escuchar el bullicio de la navidad por las calles del pueblo, mientras ella acompaña a su hermana, muy enferma, “muerta a medias”. Vidas ordenadas y virtuosas; pero solitarias, carentes de la llama que enciende la vida y la hace humana. Tu sonrisa es la narración de una mujer pobre, con un hijo que estuvo muy enfermo, al que nunca pudo festejarle su cumpleaños, ni hablarle más con la tonadita dulce de cuando estaba chiquillo, ni prepararle una cazuela de mole colorado ni las enchiladas rojas que tanto se le antojan. El trajín de todos los días la alejó de las pequeñas cosas hermosas y sólo al recordarlas le aparece una luz en los ojos, “en la rama seca de su cara, tan pálida y llena de arrugas”. Y otras cinco narraciones más de hombres que enfrentan los asedios de la vejez y la muerte de diferente manera, pero que tienen algo en común: son hombres que se comen sus sentimientos; vida interior ahogada, apretada hacia dentro, cerrando la rendija por donde pudieran salir al encuentro de un afecto que los escuche y les haga saber que están hechos del mismo barro, quebradizo y valioso.

La escritura de don Luis cautiva. Un estilo directo, que retoma la belleza y la sabiduría del habla popular. Pero va más allá, “organiza, pule, perfecciona y aumenta los recursos del lenguaje cotidiano con propósito artístico”. La mirada del escritor es atenta. Ve lo que todos ven, pero logra ahondar en los detalles, en la belleza de las circunstancias, en el trasfondo psicológico de los acontecimientos y las personas. La ciencia se detiene ante el umbral del misterio de realidades como la soledad, la vejez (¡qué cosa tan triste y tan irremediable!), la enfermedad, el desamparo existencial, el dolor que desagarra muy adentro. Hay un límite que la ciencia no puede traspasar. De ahí para adelante ya no se puede conocer con los recursos científicos. Son terrenos sólo para la humildad, el silencio, la curiosidad, la caridad fraterna, la intuición, la observación, la contemplación, la admiración, la meditación, la reflexión del poeta y del místico. Que son otras formas de saber y de maravillarnos con la grandeza de la existencia.

No cabe duda, Luis Sandoval es un escritor enamorado de la vida, que con tonadas tristes escribe canciones que producen brillo en los ojos, esperanza en el corazón, espigas altivas y hermosas, que nos recuerdan que a pesar del dolor y de la muerte, la vida tiene sentido y vale la pena vivirla con entusiasmo y decisión. La literatura (leída y escrita) es una forma de vivir a plenitud. Don Luis es nuestro mejor y más próximo ejemplo.

 

Hugo Ávila Gómez

 

Palo Alto, 50 años

 

Palo Alto, 50 años

 

Hugo Ávila Gómez

 

Nos acostumbramos a ver como si nada lo que hay alrededor nuestro. Observamos sin asombro, sin preguntar, haciendo de cuenta que las cosas hubieran estado ahí, siempre; como si solas surgieran. ¿Quién ayudó a levantar la escuela?, ¿quiénes iniciaron el pueblo?, ¿quiénes tomaron las primeras iniciativas, las que hicieron nacer lo que ahora disfrutamos?, ¿quién animó a la comunidad?

La escuela y la comunidad del Palo Alto cumplieron 50 años de vida, no este año, sino en 2004. Este escrito es para hacer memoria, para que el olvido no nos gane. Lo que aquí se narra fue platicado por el protagonista de esta historia, el profesor jubilado, Salvador Romero López, originario de La Cuchilla, municipio de Teul de González Ortega.

En 1948 algunos vecinos de la sierra buscaron al joven Salvador Romero López, que por aquel tiempo estudiaba en la Normal Rural de San Marcos. Le informaron que no habían encontrado apoyo ni en la presidencia municipal ni con el inspector de educación (cuya oficina estaba en Tlaltenango). Ya tenían años buscando auxilio sin ningún resultado. Le pidieron que les ayudara a conseguir escuela para los niños de los pequeños ranchos de La Cuchilla, Los Cisneros, El Bragado, La Hacienda de Pinoscuates, Las Mesitas y otros más. Parecía imposible. Cada rancho estaba formado por cuatro o cinco familias, sino es que menos; 5 ó 6 niños de primaria por rancho. ¿Cómo hacer para que les autorizaran una escuela? Nunca la había habido por este rumbo, el lindero sur de la Hacienda de Pinoscuates.

Siete años de insistir: la gente de la sierra con el estudiante Salvador Romero, y éste con las autoridades de la Dirección Federal de Educación. Parecía cosa del otro mundo: ¿Cómo iba a haber una escuela para este puñado de comunidades pequeñas y desperdigadas? Imposible… Imposible para quien se cansa de perseverar, imposible para quien se desanima. Salvador Romero pensó lo que nadie había pensado: se inventó que todos los ranchos regados por esa región de la sierra eran un solo pueblo, y presentó a las autoridades educativas el censo general de la gente de los distintos ranchos, el censo de analfabetos y el censo de niños en edad de primaria. De esta manera logró que el 13 de diciembre de 1949, el profesor Honorato Tlaseca Barrera, Director Federal de Educación, lo comisionara para dirigir la construcción de la escuela. Así, ya había niños y autorización para la escuela.

Regresó el estudiante Salvador Romero, contento con la comisión recibida. Decidido a conseguir el terreno para la escuela. Se dirigió con el presidente municipal, David Cortés, y su secretario Francisco Varela, quienes lo despidieron con burla, sin escucharlo: “Se acabó el tiempo de los agraristas. Ya no hay tierras para repartir”. Salió de ahí con las manos vacías.

Pero siguió insistiendo. Fue y buscó un lugar adecuado. Encontró un terreno tepetatoso y en declive. Nadie lo utilizaba para cultivar ni para cuidar ganado. Terreno baldío. Pero con manantial. Habló con los dueños del terreno. Tampoco consintieron en ceder un terreno para hacer la escuela.

Sin darse por vencido, el joven Salvador Romero, se presentó con las gentes de la sierra, llevando en la mano su comisión para organizar la escuela. Pueblo de personas que no sabían leer. Les dijo (mostrando el papel y haciendo que leía) que ahí traía la orden del gobierno federal para que tomaran una hectárea de tierra, justo en este lugar. Y la alegría nació en la gente. Los dueños del terreno, antiguos administradores de la Hacienda de Pinoscuates, guardaron silencio y dejaron hacer. Nadie pidió leer la dichosa orden de Zacatecas. Ese mismo año de 1949 se organizó la sociedad de padres de familia para encabezar los trabajos. Cinco años duró la construcción. Señores, señoras y niños, que dedicaban sus ratos libres del tiempo de secas para levantar el edificio de la futura escuela.

Por fin, la escuela se construyó. Era el año de 1954. Un salón grande, una casa para el maestro y teatro al aire libre. Ya había edificio, sólo faltaba el maestro. Salvador Romero, que para entonces ya trabajaba de profesor, volvió con las autoridades educativas. “No tenemos maestros; sólo que se vaya usted”. Y aceptó, porque ya tenía un compromiso con la gente. En septiembre de 1954 empezaron las clases en aquel lugar despoblado, donde sólo había escuela, pero no centro de población. El profesor había hecho creer a la Dirección Federal de Educación que varias rancherías pequeñas formaban una sola comunidad. El mismo profesor Salvador Romero llamó “Palo Alto” al lugar donde fundó la escuela, en recuerdo de la meseta que está en la cumbre de Los Cisneros, que se llama La Mesa del Palo Alto, y era propiedad de tres tíos suyos, José María, Simón y Atanasio. Palo Alto, lugar con pura escuela, pero sin casas.

Ya había edificio, contaban con autorización de la Dirección Federal de Educación y había un profesor designado; pero los apuros del inicio no habían terminado. El señor cura comenzó a decir a la población que no se creyeran de ese muchacho; que venía de una escuela normal comunista y que sus hijos no debían ir a una escuela del gobierno, laica. Además, ¿cómo iban a tener escuela sin tener capilla? “Es mejor que sus hijos entren burros al cielo y no sabios al infierno”. Y algunas personas hicieron caso; mejor se pusieron a construir la capilla y no mandaron sus hijos a la escuela. La sociedad de padres de familia se dividió: unos apoyando la escuela y otros la capilla.

Los antiguos administradores de la Hacienda de Pinoscuates también mostraron inconformidad con el principio de la nueva escuela. La gente contaba que anduvieron diciendo que iban a venadear al profesorcillo que les quitó el terreno para levantar la escuela. Por eso, el profesor Salvador Romero, cuando tenía que bajar al Teul, nunca se vino de día. Prefería viajar a pie, entre aquellos cerros y barrancas, protegido por la oscuridad de la noche.

Con todo y las últimas dificultades, la escuela del Palo Alto abrió sus puertas. De los alrededores, los niños acudían diariamente a las clases que duraban todo el día: por la mañana y por la tarde, con un descanso para ir a comer. La comida era ahí mismo; nadie regresaba a su casa, por lo lejos. Con el tiempo, la gente fue comprando terrenos cerca de la escuela. Construyeron sus casitas para vivir ahí en tiempo de clases, y en las aguas regresaban al rancho a cultivar la tierra.

Así nació el Palo Alto. Primero como escuela y después como comunidad. La escuela reunió a la gente que fundó el rancho. 50 años que traemos a la memoria.

Escuelas de la región

EDUCACIÓN

 

Escuelas de la región

 

Luis Octavio Cervantes de León

 

 

En la cabecera municipal del Téul de González Ortega se cuenta con los siguientes servicios educativos: dos jardines de niños, tres primarias: la secundaria estatal “Ignacio Ramírez”, el colegio particular “Agustín Caloca”  y la escuela “Lauro G. Caloca” del sistema federalizado. La secundaria federal “Cuauhtémoc” y la escuela preparatoria “González Ortega”. Todas ellas son instituciones educativas de gran calidad educativa, que se esfuerzan en su máxima capacidad para dar una atención adecuada a los teulenses.

En el nivel de primaria perteneciente a la subsecretaría federalizada se ubican dos supervisiones escolares. La Nº 88, que se localiza en la calle 5 de mayo número 5, dirigida por la profesora Ana Rosa Mercado Luna. Esta jurisdicción educativa concentra las siguientes escuelas: la “Justo Sierra” de la localidad de Potrerillos; “Melchor Ocampo” de San Lucas; “Gral. González Ortega” de los Campos; “Juventud de América” de Mesa de Rayos y la escuela “María R. Murillo” de la cabecera municipal de Benito Juárez, Zacatecas, a donde pertenecen las comunidades antes mencionadas. Además, también pertenecen a esta zona escolar la escuela “Simón Bolívar” del Picacho; la escuela “Miguel Hidalgo” de la cabecera del municipio de Santa Maria de la Paz y por último, el colegio “Agustín Caloca” del Téul. Dando un total de ocho centros de trabajo que atiende la supervisión número 88.

La otra supervisión escolar, la número 56, se ubica en la calle Constitución s/n y el responsable es el profesor Felipe Ramírez Chávez. Las escuelas que están bajo su tutoría son las siguientes: del municipio de Santa María de la Paz: escuela “Justo Sierra” del Soto; “Hilario Muro” de Mesa Grande; “Guadalupe Victoria” de Los Trigos; “Emiliano Zapata” de Las Tablas y “Mariano Matamoros” de la comunidad de Hacienda Vieja. Del municipio del Téul de González Ortega tiene las siguientes escuelas: “Emiliano Zapata” de Los Álamos; “Miguel Hidalgo” de la comunidad de Loma Alta; “José María Morelos” de La Presa; “Benito Juárez” de Palo Alto y la escuela “Lauro G. Caloca” de la cabecera municipal. Sumando un total de diez instituciones educativas.

 

 

 

 

Anulan la licitación del auditorio de Huitzila

 

Redacción

 

Debido a las irregularidades con que la anterior administración municipal otorgó la obra, en reunión del Ayuntamiento del día 11 de octubre de 2007 se decidió, por mayoría de votos, anular la asignación de la construcción del auditorio de Huitzila, obra que había sido concedida al ingeniero Daniel Simental Vázquez.

El ingeniero Daniel Simental Vázquez días antes de concluir su gestión como director de obras públicas en el periodo 2004-2007, renunció a su cargo para participar en el concurso donde se invitó a tres constructores para ofrecer propuestas para la construcción del auditorio de Huitzila.  Daniel Simental fue designado para construir el auditorio, cuyo costo estaba estimado en dos millones de pesos, dentro del programa 3X1.

En reunión del Ayuntamiento celebrada el 11 de octubre de 2007 se revisó tal designación. El asunto fue tratado en el punto número 9 del orden del día. El regidor José Manuel Arellano Enríquez, del PAN, afirmó que no procede ratificar la designación de Simental porque la licitación estuvo llena de irregularidades, violando los lineamientos legales, además que de que no es viable adjudicársela al ingeniero Simental porque no cuenta con el equipamiento necesario para construir una obra de esa magnitud. Por su parte, el regidor del PRI, Luis Humberto Cortés Rivas, manifestó que Simental no cuenta ni con autoridad ni solvencia moral para que el Ayuntamiento le brinde su confianza. Se opuso también porque la asignación de la obra fue mediante invitación restringida y no por licitación abierta, como lo establece la ley de obra pública. A su vez, el presidente municipal, Enrique Larios Arellano, dijo que la obra tiene que ser otorgada mediante licitación abierta y no restringida.

Se votó el asunto y por mayoría de once votos a favor y uno en contra (el voto del regidor de Huitzila), el actual Ayuntamiento resolvió anular la asignación de la obra del auditorio de Huitzila y repetir el proceso de licitación, ahora sí, con todos los lineamientos que establece la ley.

 

Democracia, ciudadanos y periódico

PLAZA DE ABAJO

 

 

Democracia, ciudadanos y periódico

 

Javier Varela

 

 

 

Desde hace muchos años, ocho mil quizás, los señores gordos mandan en los pueblos, en los reinos, en las repúblicas, en los estados y en los municipios. Ellos son quienes no trabajan, sólo se dedican a comer, a beber, a dar órdenes y a administrar las ganancias. El resto de la población, la poblada mayoría silenciosa, sólo se dedica a sobrevivir, a trabajar en actividades sencillas y a obedecer resignadamente.

Sin embargo, hubo una cultura que trató de escapar a la maldición de los gobernantes panzones y mandones. Esa cultura fue la griega. 600 años antes del nacimiento de Jesucristo, cuando en todos los pueblos de lo que ahora es Europa, Asia y África la gente vivía sometida al dominio de emperadores, que no tenían otros límites que su corta imaginación y su amplia soberbia, en Grecia las personas se reunían en lugares públicos (llamados ágoras), sitios amplios donde cabían todos y libremente opinaban sobre la administración de la ciudad, sobre las necesidades sociales, sobre el comportamiento de los gobernantes. Todo se discutía. La gente acudía a hacer preguntas, a pedir información, a hacer reclamaciones, a expresar opiniones, a proponer soluciones. Todo mundo hablaba. Y los gobernantes escuchaban. Tenían el deber de poner atención a la voz del pueblo. Y tenían el compromiso de atender las demandas de aquella gente.

Se llamó ciudadanos a toda esa gente que acudía a la plaza pública a expresarse y hacerse escuchar. Ciudadano era el habitante de la ciudad; pero a diferencia del resto de la población, el ciudadano era una persona consciente de sus deberes y activo para exigir sus derechos. El ciudadano era un guardián del bien de la ciudad. El bien común dependía de la acción y de la vigilancia de los ciudadanos.

Sin embargo, es cierto que a pesar de la gran participación de los ciudadanos, no todo era perfecto en la Grecia antigua. Sólo eran ciudadanos una pequeña parte de la población: los hombres libres mayores de edad. Sólo eran ellos quienes podían darse el lujo de no cultivar la tierra, de no cuidar ganado, de no comerciar, de no ser artesanos, de no ser esclavos.

Las ocupaciones de los ciudadanos eran la política, el arte, la filosofía y los negocios. Con palabras de actualidad, podemos decir que vivían de sus rentas y de hacer grilla, y gozaban del privilegio de dedicarse a la vida intelectual y artística. Los ciudadanos constituían el 10 por ciento de la población, cuando mucho. El resto de la gente, es decir, mujeres, jóvenes, niños, comerciantes, agricultores, artesanos y esclavos se dedicaban a todas las demás ocupaciones. La política, los negocios públicos, el arte y la filosofía estaban reservados para los ciudadanos.

Tuvieron que pasar 23 siglos (2300 años) para que el pueblo francés se declarara en rebeldía y en 1789 parara el alto a los reyes, esos señores gordos, dedicados a la política, a los negocios, al arte y a la vida intelectual. El pueblo francés se levantó en protesta y reclamó participar en la vida pública. “Somos iguales por naturaleza”, “nada hace distinto al rey”, “debemos tener los mismos derechos de meternos a la política, a los negocios, a las bellas artes y a la ciencia”. Bajo el lema de “libertad, igualdad y fraternidad”, la Revolución Francesa acabó con la monarquía absoluta y declaró inaugurada la República, es decir, el nuevo orden social, donde todas las personas tenían igualdad de derechos; y el poder, ya sin control del rey, se dividió en tres: legislativo, ejecutivo y judicial, para que hubiera equilibrios entre la gente de mando. En adelante no habría más nobles que ningunearan a los plebeyos, porque la única nobleza digna de reconocerse era la que surgiera del trabajo, de la honradez, de la iniciativa personal, de la lucha por la felicidad propia y la de la nación.

A partir de la Revolución Francesa, el pueblo tuvo el derecho de elegir a sus gobernantes, con el fin de que llegara al poder la gente con más capacidad y con mejor voluntad de servicio, no los allegados al rey, que sólo servían para hacer fortuna y para mantener en orden a la población pobre y maltratada. A partir de la Revolución Francesa, el pueblo pudo soñar que las cosas serían como en Grecia: gente libre participando en la vida pública con la misma fuerza y la misma inteligencia con que lo hacían los ciudadanos atenienses.

Después de la Revolución Francesa han pasado un poco más de 200 años y las cosas no han cambiado mucho. Ya no gobiernan los reyes, ahora los gobernantes se llaman presidentes, gobernadores, diputados y jueces. Ahora el pueblo puede elegir a quienes dirigen los asuntos públicos. Pero el poder es canijo. En muy pocos casos los gobernantes dejan de apoderarse de lo que no es suyo; pocos son los gobernantes que permiten al pueblo expresarse libremente con la seguridad de ser atendido; contados son los gobernantes que cuidan el bien común.

Los gobernantes de las repúblicas se parecen mucho a los gobernantes de los reinos: administran el poder para enriquecerse, engañan al pueblo, niegan los derechos de la mayoría de la gente. Los gobernantes panzones de las repúblicas siguen ignorando al pueblo, como en los viejos tiempos de los imperios.

Pero también los ciudadanos de las repúblicas también somos muy parecidos a las personas sin derechos de los imperios. Los ciudadanos somos callados, resignados a seguir cruzados de brazos, aunque estemos viendo los abusos y las injusticias; criticones cuando estamos solos, pero serviles ante los que mandan. No reclamamos nuestros derechos, no pedimos cuentas, no nos damos cuenta de la realidad de los problemas, pocas veces hacemos propuestas y casi nunca metemos las manos por el bien de nuestro municipio. Son raros también los ciudadanos que hacen algo valioso en bien de su comunidad y del futuro de su nación.

Por eso tiene mérito que un grupo de ciudadanos teulenses (hombres, mujeres y jóvenes) hayan resuelto dejar la flojera, la comodidad de ver los toros desde la barrera, los mezquinos detalles que los dividen, y hayan decidido acercarse para platicar y ponerse de acuerdo. Pensar juntos y actuar juntos. Esa es la unidad original, la que vale, la que importa. Unidad en la diversidad. Seguir siendo distintos como personas únicas, irrepetibles, pero ligadas por necesidades, ideales y objetivos comunes.

Este periódico, Domingo 7, es resultado de la unidad, de la acción ciudadana y de las ganas que este municipio tenga voces libres, manos solidarias y acciones que se comprometen con lo que de veras vale la pena: el servicio, la amistad, el bien común y la convivencia sincera.

Estamos de fiesta. Es tiempo de democracia. Es tiempo de ciudadanos que participan. Es tiempo de ciudadanos que se comunican y empujan valores humanos a través de un periódico.