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Marcapaso

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Sin maíz no hay país

(Los Granos Maravillosos)

Segunda parte

ROSENDO GUERRERO MARISCAL

Prometí al lector esta segunda parte sobre el tema del maíz y el frijol, y escribí que cancelar los acuerdos tomados hace 14 años al firmar el TLCAN, y oponerse a la apertura comercial indiscriminada de estos granos maravillosos, era un asunto vital para el futuro del país, pues con ello indudablemente estarán comprometidas la soberanía y la independencia nacionales.

Creo, por otra parte, que tratándose de un tema tan importante, quienes le hemos entrado a esta aventura de editar este nuevo papiro, estamos obligados ha cumplir esa mención de Riszard Kapuscinsky, que aparece en el indicador de nuestro Domingo Siete: “El periodista tiene como misión despertar la conciencia de la opinión pública… ponerle freno a los excesos de quienes tienen el poder… hacer algo bueno por los otros, y… ser la voz de los pobres silenciados por la manipulación y la injusticia”.

La información es abundante pero es necesario tomarla donde luce su veracidad, en este caso “La Jornada” que sigue siendo, por fortuna, una de las pocas ventanas por las que sale un radiante chorro de luz. Tomo datos de Cristina Barrios y Marcos Buenrostro publicados en la columna “Itacate” entre enero y marzo de 2007, cito a varios otros jornaleros, y agrego el nombre de algunos otros dedicados durante muchos años a descubrir el polen fósil de estas y otras plantas. Trato ser breve, comprimo, recorto, e incluso ensayo el lenguaje telegráfico. Eso sí, no lo oculto, quiero despertar el interés y el entusiasmo del lector, para que vea como es que “los tecnócratas siguen haciendo tabla rasa con la historia de ese pueblo increíblemente aguantador”.

De manera genérica al maíz y al frijol llamábanles “tonacayotl”, que según León Portilla significa: nuestra esencia, la sustancia, el alimento del que se formó la carne del hombre. Armillas refiere que el maíz y otras plantas como el algodón y la patata, tiene origen polifilético y son producto de evolución reticular por repetida hibridación entre variedades cultivadas y regresivas con especies silvestres (INAH, Rojas T, 1991).

En la clasificación de Lineo este grano se denomina Zea mays, mientras que a las variedades del frijol se les llama Phasciolus spp. Los estudios más recientes demuestran que la planta original del maíz es “Zea diploperennis parviglumis”, y surgió en tierra de Manantlán, los primeros afluentes del Río Balsas y probablemente en las marismas de Nayarit. Es decir, que el maíz y por igual el frijol tiene su origen en el Occidente de México; Cucurbita pepo, como se llama a la moderna calabaza, y que con el maíz y el frijol forma la triada que propició la civilización mesoamericana alcanzó también su desarrollo en Occidente (Schondube, Otto 1980).

El dominio de estas plantas, según Armillas es proceso que comenzó entre 5000 y 6000 años antes del presente. Según Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin, cuando los pueblos prehispánicos iniciaron las grandes emigraciones iban cargando las semillas en su itacate, y las sembraban cuando llegaban a un lugar propicio; luego recogían la cosecha y se echaban nuevamente a andar, y así hasta que llegaron a Costa del Golfo desde donde, con el uso de estas semillas, se diseminaron los pueblos más civilizados (Rendón, S, 1978).

La selección y la evolución de estos granos fue tarea que ocupó la vida de incontables generaciones durante siglos; estos remotos ancestros fueron formidables extensionistas pues, “in vivo” y en contacto con la madre tierra se transformaron en las inteligentes hormigas que arrastraron el grano que sigue siendo el sustento de 80 millones de mexicanos especialmente el de aquellos que están en la franja de la extrema pobreza.

No se trata de una sola variedad de maíz, pues son innumerables.

El Doctor Ignacio Chapela cuenta hasta 56 razas diferentes (Jornada, A. Enciso/06-30/05 ). Los antiguos mesoamericanos diseñaron maíces para diferentes alturas y climas; la tradición registra razas que tienen aplicaciones precisas, y pueden ser empleadas para preparar tortillas, tamales, pozole, o consumirse como elote tierno, o presentarse en muchas otras formas. En cuanto a sabor y color hay para escoger: el colorado, el negro, el amarillo, el morado, el pinto o jaspeado, más también el blanco de granos opacos o brillantes. Igual ocurre con el frijol.

GRANOS ESENCIALES PARA PREVENIR LA HAMBRUNA

Los informantes le dijeron a Fray Bernardino de Sahagún que “en tiempos prehispánicos el maíz era abundantísimo, y las calabazas muy gordas, de una braza en redondo, y las mazorcas de maíz eran tan largas que se llevaban abrazadas, y las cañas de bledos o quelites eran también muy largas y gordas, y que se subía a ellas como si fueran árboles…”.

Se recuerda lo anterior para rememorar que cuando llegaron los españoles a estas tierras no encontraron un pueblo famélico y desnutrido. Ahora se sabe que al maíz le hace falta el aminoácido llamado triptófano, pero nuestros antepasados lo intuían y por ello en el proceso de nixtamalización le agregaban amaranto, otro grano maravilloso que los misioneros prohibieron porque también tenía uso ritual y lo consideraban cosa del demonio.

En general la dieta combinada con frijol, calabaza, chile y los quelites, proporcionaban los nutrientes necesarios. Con el agregado de proteínas animales obtenidas mediante la caza y pesca, crecían extraordinariamente saludables. La hambruna, las deudas pegadas a las espaldas, y la muerte comenzaron con la llegada del conquistador.

El historiador Georges Baudot (1650) considera al maíz como el grano maravilloso inventado por los indios mesoamericanos, y proporciona datos que corresponden al siglo XVI: Un grano de maíz sembrado en tierra de riego podía dar una sola planta 350 a 500 granos; en tierra húmeda podía dar 150 granos por uno; en zonas áridas 70 granos, eso sin contar que en tierras de regadío se podía obtener dos cosechas.

Para otras semillas que propiciaron la civilización en Europa y Asia, Baudot refiere: “El trigo (en Francia) rendía de 6 a 10 granos por cada grano, y el arroz (en China) rendía 50 a 60 granos por uno”. Ventaja adicional: el maíz en áreas de temporal requería 60 a 100 días de trabajo anual, y en 4 hectáreas una familia de 5 personas obtenía más del doble del que consumía en un año. En cambio, un arrozal requería agua en abundancia y necesitaba 300 días de trabajo en la misma extensión.

China es un caso muy especial. Tiene apenas el doble de territorio que México pero su población se acerca a los 1200 millones de habitantes. Según Baudot, la multiplicación comenzó en el siglo XVI, gracias al maíz pues este grano puede producirse en áreas en las que la aridez impide cultivar el arroz.

El maíz y el frijol han salvado de la hambruna a media humanidad. Para no ir más lejos, México durante la Revolución Mexicana, 2 millones de muertos; otros tantos se salvaron de la hambruna gracias a la migración hormiga desde áreas empobrecidas a regiones cerealeras como los cañones de Juchipila y Tlaltenango, entre otras. Yendo más lejos, varios países del Continente Africano y de la India han resuelto el problema de la hambruna gracias al maíz y al frijol, granos maravillosos.

Lo saben bien los viejos agricultores: la milpa se considera uno de los sistemas de cultivo más productivos y armónicos con la naturaleza. Maíz, Frijol, Calabaza, Chile y Quelites colaboran entre sí, pues los nutrientes que uno toma del suelo lo reponen otros. El frijol se enreda en la caña del maíz y las grandes hojas de la calabaza evitan que prospere la maleza, y cuando uno de los cultivos falla, se producen otros. Al alternar, dan frutos en momentos diferentes; el maíz crece alto, y el frijol, la calabaza, el chile y los quelites, crecen bajos, apenas se protegen de las plagas.

EL ETANOL Y LOS TRANSGÉNICOS

Vale mencionar que el maíz y frijol nuestro país es dueño de la llamada denominación de origen. La naturaleza, con ayuda del hombre, fue eliminando las plantas más débiles o menos productivas, y por ello podemos decir que sesenta siglos nos contemplan. Hoy, por desgracia, nuevas variedades de maíz se logran “In vitro” manipulando la cadena del ADN mitocondrial. Esto da lugar a los “Organismos Genéticamente Modificados”.

Ventajas: un mayor rendimiento por hectárea, y una mayor resistencia a las plagas. Desventajas: los transgénicos no están probados en el majestuosos laboratorio de la naturaleza, y no sabemos si su empleo va a producir trastornos de la salud; tampoco conocemos si, con el paso del tiempo van a ser degradadas, o a perecer. Este ha sido el caso de la semilla Monsanto 863 que las transnacionales esparcieron en los campos de Oaxaca y otros estados, y cuyo producto quizás hemos consumido al probar la Maseca y los alimentos chatarra, Greenpeace ha pronunciado que esta semilla produce enfermedades de la sangre.

Otro caso es el de las semillas llamadas “Terminator” producidas por la empresa Delta Pine para algodón, soya, canola y maíz. Este transgénico produce una primera cosecha abundantísima, más si se vuelve a sembrar se torna estéril, se suicida. Con todo, lo verdaderamente grave es que mediante el proceso de polinización se esparce, y las 56 razas mesoamericanas más temprano que tarde van a adquirir estos genes que provocan la esterilidad. Esto, según Chapela (Berkeley, 2001), sería una catástrofe para el país, y para la humanidad. (Jornada, Matilde Pérez, 26/09/05).

Por si fuera poco, el etanol, (alcohol etílico) se empieza a usar como el biocombustible que puede evitar el uso y el abuso de la gasolina y derivados. Se produce a partir de la caña de azúcar, pero los gringos han descubierto es tres veces más barato obtenerlo a partir del maíz amarillo y se están preparando para producir millones de toneladas de este cereal que para ellos siempre fue forraje. Desde luego, usarán transgénicos (La Jornada, 20/09/04).

Imposible competir con el Coloso del Norte en estas condiciones. Ojalá que quienes detentan y ostentan el poder (“aiga sido como aiga sido”, sic) se decidan a renegociar las cláusulas del TLCAN que nos afectan, y detengan el uso de transgénicos. Investigadores del la UNAM, el Politécnico, Chapingo, el INIFAP, y otras escuelas de agronomía, que para nada han sido consultados por los tecnócratas, creen es posible realizar una revolución agrícola durante los próximos diez años. Claro, es indispensable volver a crear la planta productora de semillas que cerró Salinas y utilizar los granos que han sido probados en el majestuoso laboratorio de la naturaleza por miles de años. No hacerlo es como seguir incubando el estallido social.

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