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Domingo7

Nº 1, Noviembre de 2007

Fragilidad

La fortuna es de vidrio; brilla, pero es frágil.

Cuánto esfuerzo dedicamos en la vida a intentar ser completamente autosuficientes. Ciframos nuestra valía en las aptitudes personales cuando el hombre, por si solo, no puede gran cosa.

Nuestro ego nos impide aceptar nuestra fragilidad y busca compensar ésta con la buena fortuna. Sin embargo, la solución a todas nuestras humanas limitaciones está precisamente en aceptar que necesitamos a las personas que nos rodean. Y solo conseguiremos vivir en plenitud si desde nuestra fragilidad descubrimos que esas aptitudes que poseemos solo sirven para ponerlas al servicio de los demás. Tendríamos que cambiar la búsqueda de la autosuficiencia y la seguridad por la confianza y el agradecimiento.

 

 

Charles Evans

 

 

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Ramiro era un buen amigo

Ramiro Robles Velásquez

(1939-2007)

 

María Refugio Caloca Velásquez

 

Escribo este breve apunte como pequeño homenaje a un teulense que amó a la tierra donde nació y en la cual descansa, pues se nos concedió llevar sus restos cumpliendo con su más ferviente deseo. Nació en el Teul de González Ortega y murió en la ciudad de México el 12 de septiembre de este año. Sus restos descansan en el panteón municipal de la tierra que lo vio nacer y crecer.

Era muy joven cuando llegó a la ciudad de México con el anhelo de superación de realizarse como ser humano. Con él llegaron sus hermanos menores que en la orfandad estaban desprotegidos. Con el tiempo y con mucho tesón, la ciudad de México les dio las oportunidades que en su pueblo no habían encontrado, logrando todos ellos formar su propia familia como una hermosa realidad.

No tardó mucho tiempo en ingresar a uno de los bancos de más prestigio en esta ciudad, BANAMEX, ya que Javier Chávez, que trabajaba ahí, lo recomendó. Ahí Ramiro demostró disciplina y responsabilidad en el departamento de archivo de esta institución durante 27 años. Alos 25 años de trabajar en el banco fue objeto de espléndido homenaje con misa de acción de gracias, banquete, viaje para él y todos sus compañeros que también fueron festejados.

Dos años después de su aniversario estuvo muy delicado de salud, pues se le declaró la diabetes y por orden de su doctor lo prejubilaron. Con un buen control se recuperó y vivía una vida normal y se pude decir que de buena calidad. Su carácter era amable, le gustaba cantar y sabía hacerlo. Le gustaba escuchar música popular y pasos dobles, ya que era aficionado de hueso colorado a la fiesta brava. No se perdía ninguna buena corrida.

Amaba a su tierra, el Teul. Grabó el sonido de las campanas, conservaba un montón de recuerdos de su tierra: posters, programas de fiestas, fotografías, propaganda política, música grabada. En cada reunión familiar o de amigos, Ramiro sacaba a relucir sus tesoros, cachitos del Teul que compartía para alimentar la nostalgia y el cariño por el terruño. Sin duda, era un apasionado del pueblo donde nació.

Por esa misma razón no se perdía también las fiestas de su querido pueblo, el Día del Hijo Ausente y Las Fiestas Patrias. Es por eso que resultó grandioso el haber podido lograr que fuera llevado el día indicado a su querida tierra, el mero 15 de septiembre, para ya no alejarse nunca jamás.

Un voto de cariño para el hermano que nunca dejó de visitarnos, que esperamos que desde allá arriba nos siga teniendo el mismo afecto. Nosotros siempre lo recordaremos.

Crucigrama Domingo 7

 



 
 
 
 
 
 
 
 
Horizontales
 
2. Monaguillo, persona que ayuda en la misa.
4. Molino de mano, hecho de piedra negra, que utilizaban los pueblos indios de América y también nuestras abuelas.
6. Nombre del periódico que estás leyendo.
8. Es un obstáculo artificial para detener el agua de un río y que se utiliza para abastecer de agua a la población, regar cultivos o producir energía eléctrica.
10. Santa, patrona de los músicos.
11. Se celebra el 20 de noviembre.
12. Cometa de papel o plástico.
13. Bebida alcohólica que se produce en nuestro municipio y que se obtiene al destilar la penca del maguey.
14. Insecto social que se cría en colmenas y produce miel y cera.
 
Verticales
 
1. Ave que pertenece a la familia de las gallinas, pero es más grande; lleva verrugas en la cabeza y puede enderezar las plumas de la cola.
3. Ojo de agua que se localiza al oriente del pueblo.
5. Jugo de maguey que, fermentado, produce el pulque.
7. Banda de música que lleva por nombre la fruta que distingue a los teulenses.
8. Platillo mexicano que consiste en un caldo condimentado al que se agregan maíz negro, chile y carne de puerco o pollo.
9. Chiquillo, niño pequeño.
10. Bolitas de barro, vidrio o de otra materia dura, con las que juegan los niños.

 

Cabalgata del GAVATT Teopozintle

J. Guadalupe Ávila Gómez

 

El sábado 27 de octubre pasado se reunieron diferentes grupos de ganaderos, agrupados en lo que se conoce como GAVATT (Grupo Ganadero de Validación y de Transferencia de Tecnología), en el rancho “La Aticuata” para realizar una cabalgata hacia el cerro de Los Fabianes. A las diez de la mañana comenzó el recorrido y partieron cerca de 57 jinetes, con sus respectivos caballos. Había de todo, desde finos caballos hasta dos machos y una mula.

Venían gentes de García de la Cadena, Atolinga, entre ellas algunas muchachas, Miguel Auza, Florencia, Santa María de la Paz y el GAVATT de La Providencia, del Teul y, los anfitriones, el GAVATT Teopozintle. Acompañaban a los ganaderos un grupo de personas de la presidencia municipal, encabezados por el alcalde Enrique Larios.

Entre otras personas, participaron en la cabalgata Darío Martínez Muro, Francisco Rubio del INIFAP, Luis González Núñez, Francisco Márquez Castañeda, Ignacio Sandoval Cortés; los jóvenes Jesús Sandoval, Rodolfo Martínez Llamas, Luis González, Jesús González Curiel;  Balo Rivas y su hijo del mismo nombre, Carmelo Anceno, don Chon Torres y su hijo Lucilo, Rigoberto Martínez Torres, Pedro Ávila Curiel, Pedro Castañeda Ávila, Lucilo Rodríguez Lujano, Enrique Curiel Muro, Carlos Vera Chávez y su hijo, el niño Esteban Manuel Vera González, Aldo González Núñez, Juan Castañeda Hernández, J. Guadalupe Ávila Gómez.

El viaje comenzó con la alegría de todo aquel que anda a caballo. Algunos cantando y otros bailando su caballo. Empezamos a hacer fila. Y a subir la cuesta. En algunos tramos del recorrido nos deteníamos para escuchar algunos comentarios del tipo de pasto que se encontraba en el cerro de Los Fabianes. Los comentarios los hacía el anfitrión Darío Martínez y el ingeniero Rubio. Y mientras dábamos oportunidad para que nos alcanzaran los que se iban quedando atrás, entre ellos el presidente municipal. Una vez que se completaba todo el grupo, continuaba la marcha. Algunos ya animados en copas, continuaban haciendo bailar sus caballos, como Rigo Martínez, que era la alegría del grupo. El joven Balo Rivas siempre prometiendo sacarnos una foto, que de repente encarreraba su caballo. “Acomódense, acomódense que les voy a tomar una foto”, pero nunca le conocimos la cámara.

Un poco más adelante nos detuvimos en la cueva donde dicen que hay pinturas rupestres. Y ahí tratamos de identificar las figuras sobre la piedra.

El presidente municipal iba más atrás. Retrasado del grupo. Llegando a una planicie, sobre la vereda que hace el propio ganado, se hace una Y, y el noble del caballo que montaba nuestro ciudadano presidente municipal, se fue por la pereda del lado derecho y por la inercia que llevaba el jinete, éste siguió de frente y el caballo le dio por la derecha. Caballo por un lado, el presidente de frente, cayó de frente, horizontal, de barriga al suelo. Su cuerpo cayó de seco, sofocado. Los compañeros que iban junto a él, muy puntuales y solícitos, le ayudaron a levantarse. Y entre los jinetes de adelante empezó a circular la voz de que se había caído el presidente, que ya se había puesto de pie. Y nomás volteaba para arriba para ver cuánto faltaba para llegar a la cima, y volteaba para abajo, para ver si se podía regresar. En eso los compañeros lo animaron a seguir adelante, diciéndole que aguantara, que ya faltaba poco para subir la barranquita.

Siguió la cuesta arriba. Llegamos a la cumbre los primeros, donde nos estaba esperando cámara en mano el jefe de distrito de la SAGARPA, José Carlos Sánchez Castreñón y Javier Martínez Muro, con la exquisita birria que se tenía preparada para la comida. También estaban en ese grupo numeroso de alrededor 60 personas (entre hombres, mujeres y niños) que no participaron en la cabalgata, pero que subieron en camionetas por el camino de terracería, que por cierto se encuentra en muy malas condiciones. Entre las personas que nos estaban esperando estaban Aurelio Rivas Robles, Rodolfo González Ramírez, Cipriano Castañeda Ramos, Cipriano Castañeda Gómez, Valente Quintero Bobadilla, el joven migrante Luis Luna Romero, Eustolia Ramírez, Irma Robles, José Correa Alatorre, Patrocinio Correa González.

Una vez que arribamos, desmontamos, amarramos los caballos, y se inicia la XVII reunión de trabajo del GAVATT  Teopozintle de esta cabecera municipal, bajo un orden del día que ordenó el diálogo, y el anfitrión da a conocer el funcionamiento del rancho, incluidas todas las actividades de agricultura, distribución de agostaderos, distribución de bordos, prácticas implementadas para mejorar el aprovechamiento de suelo y agua, técnicas de mejoramiento genético, etc. Intervinieron diversas personas en el uso de la palabra, entre ellas el presidente municipal, el jefe de región. Darío Martínez aprovechó para solicitar al presidente municipal el arreglo del camino, en nombre de las personas que lo utilizan para llegar a sus propiedades.

Siguió la comida. Una sabrosa y tradicional birria, acompañada de frijoles y arroz. Hubo también elotes y de beber mezcal de punta, mezcal de la sierra, hecho a la manera tradicional. A la cinco de la tarde terminó la comida. Y volvimos a montar para hacer un recorrido por el rancho y hacer algunos comentarios sobre el tipo de pasto, calidad del mismo y cantidad. Se analizó el impacto causado por los animales que pastorearon en este lugar.

Terminado el recorrido por el rancho, continuó la cabalgata, ahora de regreso, pero por otro camino. En esta ocasión ya no nos acompañó el grupo encabezado por el ciudadano presidente municipal, debido a que tenía que atender otros compromisos. A las siete de la tarde arribamos a la Aticuata, donde nos esperaba un tamborazo de Colotlán, Jalisco. Alrededor de una fogata nos deleitamos con la música ranchera del tamborazo y la plática animada continuó hasta las doce de la noche. A esa hora identificamos a Felipe Torres Núñez, que también tocó con los músicos de Colotlán, pero se disfrazó envuelto en un gabán. Nadie lo conoció hasta que dejaron de tocar y fue descubierto entre los músicos. La fiesta terminó cuando empezamos a subir sus caballos a las camionetas. Y hasta próxima reunión del GAVATT. Allá nos vemos.

 

 

Presentan libro de don Luis Sandoval Godoy

 

Y la luz se hizo

 

La Redacción

 

El 19 de noviembre fue presentado en los corredores de la presidencia municipal el último libro de don Luis Sandoval Godoy. Y la luz se hizo. Gente y tiempo de Occidente en un instante de luz. Un libro de 90 fotografías que no sólo tiene valor artístico o pintoresco, o que no sólo trata de detener para siempre instantes del pasado, sino que, sobre todo, intenta “ofrecer algunas reflexiones sobre la significación sociológica y cultural de un pasado que podría ayudarnos a recapacitar, en nuestro camino en el siglo XXI”, según escribió en el prefacio el reconocido historiador Jean Meyer.

En un acto presidido por el presidente municipal, Enrique Larios y por el cronista del municipio, Ezequiel Ávila, se dio a conocer un libro de fotografías, obra de don Luis Sandoval, escritor teulense, y editado por el Gobierno de Jalisco. Las fotografías están distribuidas en cinco capítulos. Cada capítulo tiene una breve introducción y cada foto va acompañada de un texto también breve. Estos textos son igualmente autoría del escritor teulense.

En el prefacio, Jean Meyer comenta que el libro es importante porque “esas fotos nos hablan más que el mejor de los textos”. Fotos en blanco y negro que dicen que “nuestro pueblo del campo es un capital que apenas empieza a llamarnos la atención y que, además de su interés folclórico o romántico, ofrece enseñanzas: más allá de lo pintoresco, de lo hermoso, de lo conmovedor, atestigua la capacidad del hombre para crear lo que es necesario, sin grandes recursos, en un mundo tan rudo como generoso que, alguna vez supo amansar, para provecho mutuo”.

“Este libro de fotos debería ser el primero de una serie que se propondría valorizar nuestra sociedad rural de ayer y anteayer, tan despreciada como desconocida”.

Don Luis aprecia la sociedad campesina del pasado. Retrata su gente, sus rostros, sus afanes, sus mujeres, sus niños, sus casas, sus calles, sus monumentos arquitectónicos. Todo ello es un universo que habla de lo que eran aquellas personas, su tiempo, sus problemas, sus sueños. Fotos que son memoria de un tiempo donde la gente se las ingeniaba para resolver su vida, con trabajo, ingenio, escasos recursos y actividades artesanales, donde las manos estaban en contacto con la tierra, con los instrumentos de trabajo, y poco se dependía del exterior para resolver las propias necesidades. Un mundo autónomo y un modo de vida que procuraba alejarse de los excesos.

Sin duda, el libro de don Luis mantiene vivo un tiempo de dignidad y de sacrificio. Mucho tenemos que aprender del pasado y de la gente campesina, nuestras raíces. “Patrimonio humilde y cotidiano” de un pueblo “que no sólo es conservador, sino que innova permanentemente”.

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Iniciativa de la Ley de Ingresos

Redacción

 

En reunión extraordinaria celebrada el día 30 de octubre pasado, el Ayuntamiento del municipio aprobó la iniciativa de Ley de Ingresos, que será presentada al Congreso del Estado para su aprobación o modificación.  No hay novedades en su contenido respecto de años anteriores; son prácticamente los mismos conceptos que se tienen contemplados para que el municipio genere sus propios recursos, mediante la recaudación de contribuciones.

Lo que sí es nuevo, es que las actuales autoridades municipales ahora sí están dispuestas a no perdonar contribuciones por motivos de parentesco, compadrazgo, amistad o consideraciones políticas de perder votos. Urge el dinero y en la mencionada reunión del 30 de octubre pasado, el presidente municipal informó que habrá eficiencia recaudatoria, lo que quiere decir, que a nadie se disculpará de pagar impuestos municipales.

La iniciativa refiere que se busca el “fortalecimiento financiero” del municipio, lo “que por ende representa el buen funcionamiento del gobierno municipal”. Para intentar lograr estos objetivos la iniciativa de la Ley de Ingresos contempla cobrar una tasa distinta para predios rústicos de temporal y de agostadero; además, se incorporan más conceptos por el pago de derechos en licencias de construcción.

También está previsto cobrar impuestos por la fijación de anuncios comerciales permanentes y temporales; la propaganda por medio de equipos electrónicos y a través de volantes. Los juegos permitidos también causan impuestos: rifas, sorteos y loterías, juegos mecánicos, electromecánicos o electrónicos accionados por monedas o fichas. También pagan impuestos los espectáculos públicos como teatro, circo, lucha libre, box, taurinos, deportivos, carpas, variedades, conciertos y cualquier otra exhibición que cobre cuota de admisión.

Se pagan derechos por el sacrificio de ganado en el rastro municipal, la inscripción de actos en el registro civil y la expedición de actas certificadas. La inhumación de cuerpos en el panteón municipal costará $309.68, en el caso de menores de 12 años, y $930.87, para adultos. Quien posea predios en la zona del centro histórico pagará una cuota del 10% del impuesto predial cuando, por descuido del propietario, la presidencia municipal tenga que barrer la calle.

El artículo 25 de la iniciativa de la Ley de Ingresos dispone que cada persona que tenga un contrato de energía eléctrica con la CFE, deberá pagar el 8% por concepto de pago de derechos por el servicio público de alumbrado.

También causan el pago de derechos las licencias para construir, remodelar, bardear, mover materiales y escombro, realizar trabajos menores en las casas (enjarres, pintura, reparaciones) y la construcción de monumentos en panteones.

El comercio fijo, ambulante y tianguistas también pagarán licencias de inscripción en el padrón y expedición de tarjetón, así como refrendo anual de tarjetón. Los comerciantes ambulantes y tianguistas (fijos o semifijos) pagarán mensualmente por derecho de plaza, entre 2.04 y 4.51 cuotas de salario mínimo.

En el capítulo de aprovechamientos, se establecen multas como las siguientes: se cobrarán 3.29 cuotas de salario mínimo a quien utilice aparatos de sonido después de las 10 de la noche en zonas habitacionales; 13.67 cuotas de salario de multa a los negocios que no respeten el horario establecido; multa de 18.14 salarios mínimos a los propietarios de terrenos baldíos que no tengan barda y que signifiquen un foco de infección; 4.84 cuotas de salario mínimo a quienes consuman bebidas embriagantes en la vía pública; multa de 3.63 cuotas de salario mínimo por cada cabeza de ganado que transite por la vía pública sin vigilancia del dueño.

Por muchos de estos conceptos, actualmente las autoridades municipales no cobran nada, prefieren hacerse de la vista gorda. Ahora que se busca el fortalecimiento financiero del municipio, el anuncio es que no habrá perdón para nadie. El tiempo lo dirá.  

 

 

 

Siga la flecha de don Luis Sandoval Godoy

Siga la flecha de don Luis Sandoval Godoy

La literatura debe ser dulce y útil, agradable y edificante, enseñaba Horacio, uno de los grandes escritores en la antigua Roma. La buena literatura nos ofrece recreación y conocimiento, placer estético y saber. El libro más reciente de don Luis Sandoval Godoy es una invitación a las dos cosas: a gozar y a conocer. La palabra escrita de don Luis es capaz de eso.

“Siga la flecha” es una recopilación de cuentos escritos en otros tiempos y en distintos libros. Su autor, Luis Sandoval, los ha reunido en este volumen que publica el Taller Editorial La Casa del Mago, que se ha fijado la tarea de llevar a los lectores los libros escritos por don Luis. “Siga la flecha”. Tras estos relatos hay algo en común. Todos tienen un elemento que los hermana. “Siga la flecha” es una colección de doce cuentos que hablan de los avisos que da la vida en todo momento, pero que el ser humano atiende sólo hasta muy tarde. Desde que nacemos cargamos con un destino, con una voz que llevamos inscrita en la carne y el espíritu. Vamos a morir. Y nos negamos a entenderlo. La vida nos lo hace saber de muchas maneras: una enfermedad, una contrariedad, un dolor, un chisme, un pesar en el alma, un golpe tras otro, la soledad que se arrincona en los pliegues más profundos del alma, la presencia de los viejos, una persona que fallece. El ser humano es frágil y limitado por naturaleza. Por eso vivimos en sociedad para, juntos, crear la solidaridad que remiende nuestros lados descosidos.

Luis Sandoval no fue psicólogo, sociólogo, médico, profesor o sacerdote para hablar de manera profesional y solemne acerca de la muerte, la vejez, la soledad, la enfermedad, la debilidad humana y demás asuntos cercanamente humanos. Quiso ser periodista y escritor para decir las cosas de una manera honda y bella. Apunta con su flecha al misterio humano y lo roza. Se mete al corazón de la personas. Habla desde el dolor mismo de la gente; desde su soledad, desde su vulnerabilidad y sus debilidades. Asuntos que pocas veces nos animamos a comentar en voz alta, si de nosotros mismos se trata, por supuesto. Por esta razón, los cuentos de “Siga la flecha” penetran en la médula de esa realidad que nos acompaña desde que nacemos, la verdad de que la vida es un soplo y un día ya no estaremos más en este planeta.

El milagro de la literatura es que verdades amargas como éstas pueden ser contadas con la sensibilidad, la ternura y el privilegio de narrar bien. Uno va leyendo cada cuento y queda el placer de leer algo hecho con intención estética. Don Luis escribe sobre la muerte, sobre la amargura de la vejez, sobre la soledad, sobre la enfermedad, sobre la pérdida irreparable de un familiar cercano, sobre el rumor que destruye el honor ajeno. Realidades duras y dolorosas. Y sin embargo, en su escritura hay belleza. ¡Qué contradicción! Belleza en el cementerio, en el lecho de muerte, en el velorio, en el dolor que desgarra el alma, en las arrugas que van marchitando el alma. Eso se encuentra al seguir la flecha de este libro. Un libro que nos enseña sobre verdades fundamentales de la vida, y que además, nos deleita. Un libro hermoso que nos acerca a lo más hondo de lo humano, y que recrea, es decir, invita a realizar nuevas creaciones.

“Siga la flecha” y encontrará la narración del señor que vela a su hijo difunto, y junto a su pena encontrará la dignidad de la gente de campo que tiene en más la honestidad que el dinero. O aquél que amontona recuerdos frente al retrato de su esposa fallecida, y que deja de lamentarse porque los van a desalojar de la vecindad, al convencerse que lo importante es lo que llevamos dentro, eso nadie nos lo puede quitar. Nuestra carga es un relato que muestra el sufrimiento callado e incomprendido de la mujer campesina; el marido que ignora o no comprende lo que sufre aquella mujer, hasta que muere, hasta entonces el hombre se da cuenta que “ella traía su muerte adentro… ¿Y cómo andamos todos? ¿Cómo andan ustedes. Todos vamos por la calle o por donde sea cargando nuestra muerte…”. Hay tres narraciones de igual número de mujeres grandes, que no se casaron. Una, “de ojos tristes, charquitos de lágrimas donde nunca pegó el sol”, que llora y estruja la carta que le recuerda el amor que pudo haber sido y no fue. La segunda, “señorita mayor que nunca ha dado que decir”, hasta que la culpan de haber robado el vestido de la Virgen. Y la tercera, martirizada por escuchar el bullicio de la navidad por las calles del pueblo, mientras ella acompaña a su hermana, muy enferma, “muerta a medias”. Vidas ordenadas y virtuosas; pero solitarias, carentes de la llama que enciende la vida y la hace humana. Tu sonrisa es la narración de una mujer pobre, con un hijo que estuvo muy enfermo, al que nunca pudo festejarle su cumpleaños, ni hablarle más con la tonadita dulce de cuando estaba chiquillo, ni prepararle una cazuela de mole colorado ni las enchiladas rojas que tanto se le antojan. El trajín de todos los días la alejó de las pequeñas cosas hermosas y sólo al recordarlas le aparece una luz en los ojos, “en la rama seca de su cara, tan pálida y llena de arrugas”. Y otras cinco narraciones más de hombres que enfrentan los asedios de la vejez y la muerte de diferente manera, pero que tienen algo en común: son hombres que se comen sus sentimientos; vida interior ahogada, apretada hacia dentro, cerrando la rendija por donde pudieran salir al encuentro de un afecto que los escuche y les haga saber que están hechos del mismo barro, quebradizo y valioso.

La escritura de don Luis cautiva. Un estilo directo, que retoma la belleza y la sabiduría del habla popular. Pero va más allá, “organiza, pule, perfecciona y aumenta los recursos del lenguaje cotidiano con propósito artístico”. La mirada del escritor es atenta. Ve lo que todos ven, pero logra ahondar en los detalles, en la belleza de las circunstancias, en el trasfondo psicológico de los acontecimientos y las personas. La ciencia se detiene ante el umbral del misterio de realidades como la soledad, la vejez (¡qué cosa tan triste y tan irremediable!), la enfermedad, el desamparo existencial, el dolor que desagarra muy adentro. Hay un límite que la ciencia no puede traspasar. De ahí para adelante ya no se puede conocer con los recursos científicos. Son terrenos sólo para la humildad, el silencio, la curiosidad, la caridad fraterna, la intuición, la observación, la contemplación, la admiración, la meditación, la reflexión del poeta y del místico. Que son otras formas de saber y de maravillarnos con la grandeza de la existencia.

No cabe duda, Luis Sandoval es un escritor enamorado de la vida, que con tonadas tristes escribe canciones que producen brillo en los ojos, esperanza en el corazón, espigas altivas y hermosas, que nos recuerdan que a pesar del dolor y de la muerte, la vida tiene sentido y vale la pena vivirla con entusiasmo y decisión. La literatura (leída y escrita) es una forma de vivir a plenitud. Don Luis es nuestro mejor y más próximo ejemplo.

 

Hugo Ávila Gómez

 

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Palo Alto, 50 años

 

Palo Alto, 50 años

 

Hugo Ávila Gómez

 

Nos acostumbramos a ver como si nada lo que hay alrededor nuestro. Observamos sin asombro, sin preguntar, haciendo de cuenta que las cosas hubieran estado ahí, siempre; como si solas surgieran. ¿Quién ayudó a levantar la escuela?, ¿quiénes iniciaron el pueblo?, ¿quiénes tomaron las primeras iniciativas, las que hicieron nacer lo que ahora disfrutamos?, ¿quién animó a la comunidad?

La escuela y la comunidad del Palo Alto cumplieron 50 años de vida, no este año, sino en 2004. Este escrito es para hacer memoria, para que el olvido no nos gane. Lo que aquí se narra fue platicado por el protagonista de esta historia, el profesor jubilado, Salvador Romero López, originario de La Cuchilla, municipio de Teul de González Ortega.

En 1948 algunos vecinos de la sierra buscaron al joven Salvador Romero López, que por aquel tiempo estudiaba en la Normal Rural de San Marcos. Le informaron que no habían encontrado apoyo ni en la presidencia municipal ni con el inspector de educación (cuya oficina estaba en Tlaltenango). Ya tenían años buscando auxilio sin ningún resultado. Le pidieron que les ayudara a conseguir escuela para los niños de los pequeños ranchos de La Cuchilla, Los Cisneros, El Bragado, La Hacienda de Pinoscuates, Las Mesitas y otros más. Parecía imposible. Cada rancho estaba formado por cuatro o cinco familias, sino es que menos; 5 ó 6 niños de primaria por rancho. ¿Cómo hacer para que les autorizaran una escuela? Nunca la había habido por este rumbo, el lindero sur de la Hacienda de Pinoscuates.

Siete años de insistir: la gente de la sierra con el estudiante Salvador Romero, y éste con las autoridades de la Dirección Federal de Educación. Parecía cosa del otro mundo: ¿Cómo iba a haber una escuela para este puñado de comunidades pequeñas y desperdigadas? Imposible… Imposible para quien se cansa de perseverar, imposible para quien se desanima. Salvador Romero pensó lo que nadie había pensado: se inventó que todos los ranchos regados por esa región de la sierra eran un solo pueblo, y presentó a las autoridades educativas el censo general de la gente de los distintos ranchos, el censo de analfabetos y el censo de niños en edad de primaria. De esta manera logró que el 13 de diciembre de 1949, el profesor Honorato Tlaseca Barrera, Director Federal de Educación, lo comisionara para dirigir la construcción de la escuela. Así, ya había niños y autorización para la escuela.

Regresó el estudiante Salvador Romero, contento con la comisión recibida. Decidido a conseguir el terreno para la escuela. Se dirigió con el presidente municipal, David Cortés, y su secretario Francisco Varela, quienes lo despidieron con burla, sin escucharlo: “Se acabó el tiempo de los agraristas. Ya no hay tierras para repartir”. Salió de ahí con las manos vacías.

Pero siguió insistiendo. Fue y buscó un lugar adecuado. Encontró un terreno tepetatoso y en declive. Nadie lo utilizaba para cultivar ni para cuidar ganado. Terreno baldío. Pero con manantial. Habló con los dueños del terreno. Tampoco consintieron en ceder un terreno para hacer la escuela.

Sin darse por vencido, el joven Salvador Romero, se presentó con las gentes de la sierra, llevando en la mano su comisión para organizar la escuela. Pueblo de personas que no sabían leer. Les dijo (mostrando el papel y haciendo que leía) que ahí traía la orden del gobierno federal para que tomaran una hectárea de tierra, justo en este lugar. Y la alegría nació en la gente. Los dueños del terreno, antiguos administradores de la Hacienda de Pinoscuates, guardaron silencio y dejaron hacer. Nadie pidió leer la dichosa orden de Zacatecas. Ese mismo año de 1949 se organizó la sociedad de padres de familia para encabezar los trabajos. Cinco años duró la construcción. Señores, señoras y niños, que dedicaban sus ratos libres del tiempo de secas para levantar el edificio de la futura escuela.

Por fin, la escuela se construyó. Era el año de 1954. Un salón grande, una casa para el maestro y teatro al aire libre. Ya había edificio, sólo faltaba el maestro. Salvador Romero, que para entonces ya trabajaba de profesor, volvió con las autoridades educativas. “No tenemos maestros; sólo que se vaya usted”. Y aceptó, porque ya tenía un compromiso con la gente. En septiembre de 1954 empezaron las clases en aquel lugar despoblado, donde sólo había escuela, pero no centro de población. El profesor había hecho creer a la Dirección Federal de Educación que varias rancherías pequeñas formaban una sola comunidad. El mismo profesor Salvador Romero llamó “Palo Alto” al lugar donde fundó la escuela, en recuerdo de la meseta que está en la cumbre de Los Cisneros, que se llama La Mesa del Palo Alto, y era propiedad de tres tíos suyos, José María, Simón y Atanasio. Palo Alto, lugar con pura escuela, pero sin casas.

Ya había edificio, contaban con autorización de la Dirección Federal de Educación y había un profesor designado; pero los apuros del inicio no habían terminado. El señor cura comenzó a decir a la población que no se creyeran de ese muchacho; que venía de una escuela normal comunista y que sus hijos no debían ir a una escuela del gobierno, laica. Además, ¿cómo iban a tener escuela sin tener capilla? “Es mejor que sus hijos entren burros al cielo y no sabios al infierno”. Y algunas personas hicieron caso; mejor se pusieron a construir la capilla y no mandaron sus hijos a la escuela. La sociedad de padres de familia se dividió: unos apoyando la escuela y otros la capilla.

Los antiguos administradores de la Hacienda de Pinoscuates también mostraron inconformidad con el principio de la nueva escuela. La gente contaba que anduvieron diciendo que iban a venadear al profesorcillo que les quitó el terreno para levantar la escuela. Por eso, el profesor Salvador Romero, cuando tenía que bajar al Teul, nunca se vino de día. Prefería viajar a pie, entre aquellos cerros y barrancas, protegido por la oscuridad de la noche.

Con todo y las últimas dificultades, la escuela del Palo Alto abrió sus puertas. De los alrededores, los niños acudían diariamente a las clases que duraban todo el día: por la mañana y por la tarde, con un descanso para ir a comer. La comida era ahí mismo; nadie regresaba a su casa, por lo lejos. Con el tiempo, la gente fue comprando terrenos cerca de la escuela. Construyeron sus casitas para vivir ahí en tiempo de clases, y en las aguas regresaban al rancho a cultivar la tierra.

Así nació el Palo Alto. Primero como escuela y después como comunidad. La escuela reunió a la gente que fundó el rancho. 50 años que traemos a la memoria.

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